16 de marzo de 2014

Desesperanza


Gotas frías, gruesas, como cuchillos cayendo sin piedad, sin importar donde caen y a quien mojan. Una mañana como cualquier otra, real, cruda, vacía. Instantes en los que la magia hace falta, donde la fantasía seria la solución, donde cualquier cambio se sentiría como una dosis de esperanza. 
No hay nada malo, o al menos no extremadamente malo. Cualquier persona estaría agradecida por eso. Pero a veces no es suficiente, a veces quieres que algo mágico suceda y te saque de un tirón de la realidad en la que vives. Que algún deseo se cumpla, que algún príncipe aparezca o que una mísera señal te indique por donde seguir con tu vida.
Nada es fácil, frase que suena y se repite día tras día, generación tras generación en un boca a boca infinito. Aferrarse a eso ayuda a evitar la depresión, pero hay días en los que simplemente ella asoma su nariz y se niega a desaparecer.
Solo quieres maldecir, insultar, romper todo lo que este a tu alcance, imitar al clima y contribuir con su aporte llorando todo el día. Pero simplemente no puedes, debes ser fuerte, no mostrar debilidad, levantar la cabeza, respirar hondo y sonreírle a la vida mientras le pones la otra mejilla para que siga abofeteando. No mostrar cobardía te ayuda a aferrarte a una falsa valentía, una máscara que te niegas a quitar para conservar la dignidad, para mostrar tu integridad.

Tanya Carolina

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